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El predicador en Eclesiastés declara: ¡y nada hay nuevo debajo del sol!

El inmenso impacto devastador de la escala humana en el resto de la creación es verdaderamente algo nuevo bajo el sol. Y engrandece las consecuencias de la vanidad y la maldad.

El comunismo aspiraba a convertirse en el credo universal del siglo XX, pero una religión más flexible y seductora tuvo éxito donde este fracasó: el crecimiento económico. Capitalistas, nacionalistas, casi todos, comunistas incluidos; adoraban en este mismo altar porque el crecimiento económico disfrazó una cantidad grande de pecados. Indonesios y japoneses toleraron la corrupción con tal que durara el crecimiento económico. Rusos y europeos del este tuvieron que tolerar estados absurdos de vigilancia. Los estadounidenses y los brasileños aceptaron vastas desigualdades sociales. Males sociales, morales y ecológicos fueron tolerados por el mundo entero a cambio del crecimiento económico; de hecho, los  seguidores de esta fe propusieron que solo más crecimiento podría resolver tales males.


El crecimiento económico se convirtió en la ideología indispensable del estado en casi todas partes. ¿Cómo? Esta religión de estado tenía profundas raíces en siglos anteriores, al menos en el imperio chino y la Europa mercantilista. Pero tuvo éxito pleno solo después de la Gran Depresión de la década de 1930. Después de la Depresión, la racionalidad económica superó todas las demás preocupaciones, excepto la seguridad. Aquellos que prometieron entregar el Santo Grial se convirtieron en sumos sacerdotes. Estos eran economistas, en su mayoría angloamericanos. Ellos ayudaron a ganar la Segunda Guerra Mundial mediante la estimulación y la gestión de las economías de EEUU e Inglaterra.

El dominio internacional de los Estados Unidos después de 1945 aseguró la amplia aceptación de sus ideas, especialmente en economía, donde el éxito fue más conspicuo. Mientras tanto, la URSS hacia proselitismo dentro de su esfera geopolítica, ofreciendo una versión del crecimiento administrado por ingenieros en vez de economistas.

¿Fue el crecimiento económico la idea más importante del siglo XX? Es difícil imaginar algo más importante. Aun hoy en día, somos muy pocos los que cuestionamos la prioridad del crecimiento económico.
Es triste pensar que los nuevos estudiantes de economía no se dan cuenta de los límites fundamentales de esta disciplina.

La teoría económica dominante se ha convertido en una barrera para que políticos, académicos y estudiantes puedan entender y transformar la realidad socioeconómica y socio ambiental que nos rodea. A través de supuestos y precondiciones han construido una representación imaginada, y por tanto irreal, de la sociedad, los individuos y sus relaciones, que impide una aproximación científica a los grandes problemas del siglo XXI. Por otra parte, la hegemonía y la rigidez, que se imponen en los círculos académicos y políticos, bloquean el acceso al conocimiento de teorías económicas críticas, que consideramos más cercanas y comprometidas con la realidad.

La economía ecológica existe porque cien años de especialización disciplinaria en la investigación científica nos han dejado incapaces de comprender o gestionar las interacciones entre los componentes humanos y ambientales de nuestro mundo. Si bien nadie debate las ideas que la especialización disciplinaria ha aportado, muchos ahora reconocen que también ha resultado ser nuestro talón de Aquiles.

En un mundo en evolución interconectado, la ciencia reduccionista ha empujado el vehículo del conocimiento en muchas direcciones diferentes, pero nos ha dejado sin ideas sobre cómo formular y resolver problemas que surgen de las interacciones entre los humanos y el mundo natural. ¿Cómo se relaciona el comportamiento humano con los cambios en los ciclos hidrológicos, ciclos de nutrientes (reciclaje ecológico) o de carbono? ¿Cuál es la realimentación entre los sistemas sociales y naturales, y cómo influyen estos en los servicios que obtenemos de los ecosistemas? La economía ecológica como campo intenta responder a preguntas como estas.

El debate sobre el crecimiento ecológico y económico comenzó a finales de la década de 1960 planteando la cuestión profunda de si la industrialización del planeta podría avanzar mucho más sin poner en peligro las perspectivas de supervivencia de la especie humana y la habitabilidad del planeta. A la pregunta de cuánto crecimiento se debe abandonar para proteger el medio ambiente natural y mantener un planeta habitable, tanto los ecólogos como los economistas ofrecen una amplia gama de respuestas.

Mi humilde respuesta es que la lección más importante de la ecología es precaución: cada paso hacia una tecnología más sofisticada arriesga transgredir contra la naturaleza.
El libro de Eclesiastés destaca el vacío de tratar de ser feliz. Creo que es humano preocuparse por el futuro.

Es humano prosperar para ser rico, nos encontramos a veces envueltos en una búsqueda interminable de riqueza, posesión y poder. Recientemente llegué al punto de preguntarme; "¿cuándo termina? ¿Cuándo se dice "he tenido suficiente"? Los ricos quieren ser más ricos, los sabios, más sabios, ¿cuándo termina? Todos parecemos estar en un mercado con parcelas de venta ruidosas y silenciosas. Es fácil perder de vista quiénes somos y por qué hacemos lo que hacemos.

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