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Sin ánimo de polemizar, que como dice mi amigo Daniel González, hoy la gente en general tiene la resistencia a las adversidades mermada y la sensibilidad demasiado a flor de piel, pero convencido como estoy de que la verdad ha de sustituir antes o después a los mitos más falsos que Judas, vengo a comentar brevemente lo que un amigo mío llamado Vicente (paisano mío y poco más desvelaré ya que odia las redes), profesor de antropología en una Universidad de EEUU y su compañero Blyke, vienen investigando sobre la población española desde el siglo VI.

Lejos de andar por terrenos baldíos o descampados a plenos sol, cepillando restos etc. cuál fue mi sorpresa cuando todo lo que hacía él y su colega eran ‘barridos verticales’ de la población actual de la península. Empezaban por un pueblo de Asturias, seleccionaban una población y hacían una extracción de sangre. Y así hasta llegar a la provincia de Huelva, Sevilla, Cádiz, etc. Hace casi 10 años yo le preguntaba incrédulo qué era lo que deducían de ahí y él me hablaba de haplogrupos IR no sé cuantos y demás terminología que me sonaba a chino mandarín y cantonés.

Total que un día que viajó hasta Badajoz para ver a su familia quedé con él y me dijo medio triste aunque aún más decepcionado: “chico, en este país la ciencia no entra ni a martillazos. He ido al periódico local para comentar brevemente lo que estoy haciendo, y me han dicho que en verano la gente quiere leer cosas frescas y me han dado con la puerta en las narices”.
En fin, decía el pobre hombre, “en cuanto vea a mis padres me vuelvo para EEUU, que esto sigue igual para los científicos. Una pena”.

Bueno, resumiendo y al grano, como no tengo yo los conocimientos técnicos suficientes pegaré luego al final un enlace de una publicación que recoge casi en su totalidad (otro investigador usando técnicas muy similares que llega a la misma conclusión) lo que este amigo de la infancia me contó en la cafetería del Hotel Río, un sitio tranquilo y acogedor.

Según los genomas estudiados en algo más de una década a miles de individuos (e individuas, que si no alguien se puede molestar, Dani, jehe) y los nucleótidos de su ADN, existen unas secciones en las combinaciones cromosómicas llamadas haplogrupos, que son clasificados con letras y números. De esta forma resulta muy fácil conocer el origen de una población. Pues bien, las conclusiones a grandes rasgos son:

Antes de la llegada de los árabes a la península, la población tenía en un altísimo porcentaje el mismo tipo de haplogrupo en el ADN que los pueblos de Europa por donde habían pasado los celtas especialmente. También se aprecia que en ciertas zonas regadas por grandes ríos, el valle del Guadalquivir, del Ebro, etc. existe un mayor predominio del haplogrupo que impera en la Italia actual. Y tiene mucho sentido, pues ya se sabía, antes del surgimiento de técnicas tan avanzadas, que la población hispanorromana era celta, íbera y romana principalmente.
Cuando las hordas visigodas se hicieron con el control de la península, añadieron al genoma peninsular trazas de haplogrupos del centro de europeo donde predominaban pueblos germánicos. Se extendieron en principio por el norte especialmente y luego fueron ocupando el resto del territorio. Los suevos dominaron Galicia y el occidente asturiano (las trazas cromosómicas de este pueblo germánico son mayoritarias hoy día en el suroeste de Alemania, en la zona de la Selva Negra).

Es curioso que muchos de nuestros nombres y apellidos provienen de la época de los godos, González, de Gonzalo, es decir, Gundisalvo (espíritu de lucha), Eduardo (guardián del tesoro), Fernando, etc. Sin embargo, contra lo que pudiera pensarse no se aprecian grandes cambios en la población de la época.

Un ejército muy grande podía tener unos 30.000 soldados en aquella época, suponemos que se instalarían con sus familias, tribus etc, sin embargo el grueso de la población solía permanecer bastante estable, siempre según el estudio mencionado.

Cuando los árabes derrotan al rey godo Roderico o Rodrigo, ocurre algo parecido. Durante un siglo los conquistadores se instalan en zonas fértiles controlan el poder e intentan imponer su religión. Los primeros que eran realmente gente culta y bastante tolerante, motivo por el que siglos después se produjeran sucesivas invasiones de almohades y almorávides radicales norteafricanos para acabar con el poder Omeya.

Charlas de Café sobre el ADN

 

Pues bien, siendo esto así tendría que existir un gran predominio de haplogrupos del norte de África y de Arabia en el genoma español. “Pues no señor”, me dijo “y eso nos sorprendió mucho pero la realidad y los resultados son tozudos. A penas un 10% de la población actual española tiene características propias en su genoma de los habitantes del norte de África”. ¿Y eso?
Pues quizás pasó igual que con los visigodos, los dueños y señores cambian pero la base de la población es básicamente la misma. Ni que decir tiene que el legado cultural fue mayor que el de los visigodos pero en términos de población el cambio fue pequeño. La expulsión de los judíos y moriscos fue una ‘limpieza étnica’ en toda regla. Era ya la Baja Edad Media y la idea de nación-estado va tomando cuerpo en torno a la idea de homogeneidad de religión y limpieza de sangre. Un judío o un morisco no eran vistos ya como individuos de otra religión a quien cobrar más impuestos, como había ocurrido antes, sino herejes y gente de sangre impura. Todos recordaremos los certificados de limpieza de sangre de los que hablan Cervantes y tantos otros.

El hecho de que los haplogrupos E y J (los de árabes y norteafricanos) predominen hasta en un 25% en la población portuguesa y del sur de Italia, da idea de los lugares en los que buscaron refugio gran parte de los expulsados. No cabe duda de que hubo grupos que pudieron sortear el problema pero en general la efectividad de Isabel y Fernando fue de gran calado. Siglos después Felipe III expulsa a los moriscos de la zona de Granada usando medios parecidos.

Una de las conclusiones más interesantes es que el genoma poblacional está dividido en secciones verticales. Es decir, el haplogrupo de un gaditano será con toda probabilidad más parecido al de un leonés que al de un argelino. El de uno de Huesca igual que el de uno de Jaén. Y esto es así por la forma en que se desarrolló la Reconquista, de arriba hacia abajo, por reinos surgidos en las brañas cántabras y pirenaicas.
Siempre me pregunté por qué en el sur de Extremadura había pueblos que se apedillaban “de León”, como Segura de León, Calera de León. Yo leía aquellos carteles en la carretera y me preguntaba pero ¿qué diablos pinta ahí León? Claro, la repoblación de toda esa franja era leonesa y con ellos trajeron los apellidos García, González, etc.

Así pues, hoy día se puede afirmar rotundamente ser falsa la idea de que la población española tenga mayoritariamente un genoma árabe y norteafricano. Por contra, el 70% de españoles cuenta con el haplogrupo R1b, que no es otro que el de los primeros pobladores celtíberos. Todo lo demás son mitos vaporosos.

Llegó el camarero y nos preguntó con sorna: “¿no creen que ya no es hora de tomar café? Son casi las 10 de la noche”. Habían pasado 4 horas charlando con Vicente y ni me había dado cuenta.

El link del que hablaba donde viene mejor explicado (es un artículo muy largo. Mejor ir ya al final donde habla de España).
http://jesusgonzalezfonseca.blogspot.com/2011/09/como-es-el-mapa-genetico-de-europa-y-de.html?m=1

Libro recomendado:

 

La Reconquista y España de Pío Moa.

la reconquista y españa-Pío Moa

 

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