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Este artículo es escrito con la certeza de que no se puede entender la economía mundial de hoy, o incluso el mundo en general, sin entender la historia que la produjo. La globalización contemporánea, y sus consecuencias económicas y políticas, no vienen de la nada, sino de un proceso mundial de desarrollo económico desigual que se ha estado gestando durante siglos, si no durante milenios.

Debo recalcar, la historia permite que conozcamos el pasado para entender el presente y proyectarnos al futuro con lecciones aprendidas y retos por lograr.

Estamos viviendo en tiempos anormales. El orden liberal global se encuentra en un avanzado estado de crisis. Y el mundo cambia rápidamente de una realidad unipolar a una multipolar, el sistema internacional mismo está expuesto a una profunda inestabilidad. Si la situación no se maneja con extremo cuidado, la posibilidad de un colapso importante es real. La pregunta es si nuestros líderes mundiales son capaces de comprender completamente lo que está sucediendo en tiempo real y pueden reunir la acción colectiva para establecer nuevas reglas del camino a seguir. Esperamos que esto no sea cuestión de voluntades.

El surgimiento del mundo unipolar llego a partir del colapso de la Unión Soviética, el mundo unipolar es la imposición del sistema capitalista sobre todo el mundo y su representante principal es Estados Unidos quien impuso su poder por encima de cualquier ley, organización o derechos que pudiera haber tomado en cuenta. Los problemas que surgen en el mundo unipolar empiezan por la decadencia de la ONU por diferentes situaciones como falta de solvencia económica, pero más que eso la falta de carácter al tener una actitud doble de la organización que se supone debe de imponer su fuerza en las decisiones de interés mundial. Además de ello también se enfrentó al problema de que las nuevas potencias como Japón, India o Brasil reclamaran formar parte de la dirección de esta misma ONU.

Si vamos a sobrevivir a la transición geopolítica global, debemos aceptar que la era de la hegemonía estadounidense ha terminado. Entonces, el mundo está cambiando a un nuevo orden multipolar con los Estados Unidos y China en su centro. Se debe establecer nuevas reglas del juego, unas que sean más inclusivas, representativas y legítimas. ¿Porque?, porque así lo dicta nuestra amiga la Historia, simple y sencillamente.

Estamos comprometidos con el mercado de las democracias y los principios subyacentes en los que se basan, sin embargo, debemos aprender a comprometer y dar cabida a sistemas de valores múltiples. Sistemas que promuevan el crecimiento económico inclusivo y sostenible, empleo pleno y productivo, y trabajo decente para todos.

El crecimiento es inclusivo, cuando se produce en sectores económicos donde trabajan los pobres (ej. la agricultura); cuando ocurre en los lugares donde viven los pobres (ej. áreas subdesarrolladas con pocos recursos); cuando utiliza factores de producción que poseen los pobres (ej. mano de obra poco cualificada); y cuando reduce los precios de los bienes de consumo que consumen los pobres (ej. alimentos, combustible y ropa). En otras palabras, el crecimiento económico no es sólo la expansión de las economías nacionales, sino también asegurar que llega a las personas más vulnerables. La igualdad de oportunidades y participación de todos en el crecimiento son las auténticas bases del crecimiento inclusivo.

También tendrá que haber oportunidades laborales para toda la población en edad de trabajar, con condiciones de trabajo decentes. Para conseguir el desarrollo económico sostenible, las sociedades deberán crear las condiciones necesarias para que las personas accedan a empleos de calidad, estimulando la economía sin dañar el medio ambiente.

Colocar la creación de empleos en el corazón de la elaboración de las políticas económicas y de los planes de desarrollo, no sólo permitirá crear oportunidades de trabajo decente, sino también un crecimiento más sólido e inclusivo que permitirá reducir las desigualdades. Es un círculo virtuoso que beneficia tanto a las economías como a la población y es un motor del crecimiento sostenible.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos se propusieron construir un orden económico mundial basado en normas. En el corazón de ese orden, puso los valores liberales del libre comercio y el estado de derecho.

Hoy en día, ese orden está bajo amenaza. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha rechazado la idea de que todas las economías del mundo se benefician cuando cumplen con las reglas. En cambio, ha decidido que poner "América primero" significa retirarse de tratos supuestamente malos, en los que él cree que se basa el sistema. Hasta ahora, Trump no ha podido seguir con sus ideas más destructivas. Pero el daño ya comenzó a mostrarse. Su administración ha obstaculizado la Organización Mundial del Comercio, alentado a China y otros regímenes autocráticos a apoyarse en sus vecinos más pequeños por su lealtad económica, socavar acuerdos sobre evasión fiscal y cambio climático, e incluso empujó a los principales aliados de Estados Unidos a negociar ofertas de libre comercio sin su mismo pais.

Si Estados Unidos continúa su retirada del liderazgo económico, impondrá un serio trauma al resto del mundo y a sí mismo. A menos que la administración Trump opte por lanzar propuestas comerciales razonables y creativas, si es capaz, el comercio global está en serios problemas. Un retiro sostenido de los EE. UU inevitablemente hará que el crecimiento económico sea más lento y menos cierto. El desorden resultante hará que el bienestar económico de las personas en todo el mundo sea más vulnerable a la depredación política y el conflicto de lo que ha sido en décadas.

Una de las grandes lecciones de la historia económica es que la intimidación es mala para la prosperidad. Las buenas instituciones -el estado de derecho, los derechos de propiedad claros, los medios de intercambio estables, la recaudación eficiente de impuestos, la provisión de bienes públicos, el control de la corrupción oficial- son los requisitos fundamentales para un crecimiento económico sostenido. Los beneficios de tales instituciones no deberían ser ignorados. No conducen inexorablemente a la prosperidad o la libertad democrática. Pero sin ellos, el ahorro y la inversión a largo plazo, que forman la columna vertebral del crecimiento, no pueden mantenerse.

No hay duda, el siguiente orden será más complejo y más precario, pero ese es el mundo nuevo y valiente que enfrentamos.

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