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68 años hace que un hombre sabio y visionario, el biólogo y conservacionista de Wisconsin, USA Aldo Leopold, pidió "una interpretación ecológica de la historia", con lo que quiso decir, como utilizar las ideas y la investigación del emergente campo de la ecología para ayudar a explicar por qué el pasado se desarrolló como lo hizo. En ese entonces la ecología todavía estaba en su infancia científica, pero su promesa era brillante y la necesidad de sus ideas comenzaba a ser evidente para un número creciente de líderes en ciencia, política y sociedad.

 

A los historiadores les ha tomado un tiempo prestar atención al consejo de Leopold, pero finalmente el campo de la historia ambiental ha comenzado a tomar forma y sus practicantes están tratando de asir su iniciativa.

Una comunidad sostenible utiliza sus recursos para satisfacer las necesidades actuales, al tiempo que garantiza que haya suficientes recursos disponibles para las generaciones futuras. Involucra a todos sus ciudadanos en un proceso integrado de planificación a largo plazo para proteger el medio ambiente, expandir las oportunidades económicas y satisfacer las necesidades sociales.

Si bien muchas dinámicas de la comunidad están en funcionamiento, tres son particularmente importantes para construir comunidades saludables y prósperas a largo plazo: economía, ecología y equidad.

La economía es la gestión y el uso de los recursos para satisfacer las necesidades del hogar y la comunidad.

La ecología es el patrón de las relaciones entre los seres vivos y su entorno. Todos conocemos nuestro tamaño de calzado. Pero, ¿cuántos de nosotros conocemos el tamaño de nuestra "huella ecológica", la cantidad de aire, tierra y agua que cada individuo necesita para vivir?

La equidad es la cualidad que consiste en no favorecer en el trato a una persona perjudicando a otra. Idealmente, todos en una comunidad comparten su bienestar. Donde hay equidad, las decisiones se basan en la igualdad y todos (independientemente de los ingresos, el sexo, la edad, la discapacidad) tienen oportunidades y se les trata con dignidad.

Las tres -economía, ecología y equidad- proporcionan un marco para que los pueblos y sus comunidades exploren y anticipen cómo las decisiones que toman hoy afectan el mañana.

Uno de los mayores retos que enfrenta actualmente la humanidad es la convivencia armónica con la naturaleza. Es imposible concebir al ser humano independiente de los recursos que el medio ambiente le proporciona; su alimentación, y todos los insumos materiales que sostienen la producción de bienes y la misma vida, está soportada en los ecosistemas de la tierra, de ahí proviene la importancia de conservarlos.

Por otra parte, las demandas de la población van más allá de cubrir sus necesidades básicas, incluyen la mejora en niveles de confort y, en algunos sectores, la acumulación de riqueza. Esto, aunado a la administración inadecuada de los recursos naturales, ha ocasionado la alteración de prácticamente todos los ecosistemas y la consecuente afectación del bienestar del ser humano.

Cualquier intento por explicar este proceso (el bienestar humano) nos remite a la revisión de los orígenes del desarrollo, en cuya evolución han surgido respuestas orientadas a mejorarlo sin deteriorar los recursos, como las que ofrece el paradigma del desarrollo sustentable.

Alrededor de esta aspiración o principio ético se han construido desarrollos teóricos que retoman algunos postulados básicos de la ciencia económica. La sustentabilidad es abordada, fundamentalmente, a través de dos enfoques: la economía ambiental, basada en el pensamiento económico neoclásico; y la economía ecológica, que constituye una perspectiva ecléctica al retomar premisas de distintas ciencias como la economía, biología, ecología y sociología.

El primer enfoque se distingue por su propuesta basada en la existencia de derechos de propiedad y en la necesidad de asignar precios a todos los bienes y servicios, incluyendo a la naturaleza y los derivados de ésta, en tanto que el enfoque de la economía ecológica es preocuparse, en primer lugar, de la naturaleza física de los bienes a gestionar y la lógica de los sistemas que los envuelven, considerando desde la escasez objetiva y la renovación de los recursos empleados, hasta la nocividad y el posible reciclaje de los residuos generados, a fin de orientar con conocimiento de causa el marco institucional para que éste arroje ciertas soluciones y no otras en costos, precios y cantidades de recursos utilizados, de productos obtenidos y de residuos emitidos.

A mi modo de ver, los dos enfoques indicados deben complementarse para que la discusión económica pueda integrar los problemas que comporta la consecución de objetivos a plazos temporales, escalas y niveles de agregación distintos.

Me propuse darle como objetivo a este artículo, analizar, a partir de la revisión de los principios del desarrollo sustentable y de las teorías económicas asociadas, la factibilidad de asignar valores a los bienes y servicios de los ecosistemas y con ello aportar elementos para la discusión acerca de la controversia existente entre las diversas disciplinas involucradas en la conmensurabilidad de la naturaleza. Pero eso será para la próxima oportunidad.

Mr. Aldo Leopold, rest in peace, we got you covered!

Escrito por Otto Sanabria

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