Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del usuario a través de su navegación. Si continúas navegando aceptas su uso.



España siempre fue un país en acoger ciertas tendencias con bastante demora con respecto a otros países y el trading no iba a ser una excepción.

Aprovechando el boom de Internet en EE.UU. y de las tecnologías derivadas, empezó a coger una fuerza inusitada la realización de pequeñas operaciones con productos derivados por parte de individuos que hasta entonces poco o nada habían tenido que ver con el mundo financiero. A principio de este siglo dicha irrupción en las finanzas de pequeños traders, que se jugaban sus ahorros y su patrimonio, se hizo global.

 

Así las cosas, cuando el fenómeno llega a España, ya existían plataformas muy avanzadas para el llamado trading minorista que ofrecían herramientas realmente buenas (Macd, medias móviles, bandas de Bollinger, etc.). Esto suponía toda una revolución en el mundo de las inversiones, pues ahora ya no estamos ante el pequeño inversor pasivo. Muy al contrario, la nueva propuesta era un “do it yourself” a la americana, que fue haciéndose sitio muy poco a poco en nuestro país antes de la Gran Recesión del 2008. Tras la misma, la desconfianza surgida contra el sistema financiero institucionalizado, la banca, etc., provoca una gran proliferación de francotiradores solitarios, que tarde tras tarde intentan sacar tajada.

Sin embargo, pasado un tiempo los traders se percatan de que las herramientas son insuficientes, la mayoría sufre pérdidas en silencio, como la famosa afección, a pesar de la gran panoplia de medios con los que cuenta. En España la mayoría llegaron a la conclusión de que faltaba formación y, en parte, era cierto. De la noche a la mañana surgieron como esporas cientos de gurús del trading (falsos unos y otros auténticos, todo hay que decirlo). El caso es que aun cuando la formación fue mejorando y aumentando, los saldos seguían sufriendo igualmente. Al poco de empezar a operar, el dinero se desvanecía de los saldos como las energías de un moribundo y, en la mayoría de los casos, el trading minorista solo acababa sirviendo para dar volumen a los peces gordos y para incrementar la tasa de divorcios nacional.

Como diría Bill Clinton: “Era la psicología, estúpido”. Hasta hace escasos años no se cayó en la cuenta de que para triunfar en esto era necesario disponer de una mentalidad de deportista de élite, como Nadal, Alonso, Gasol, y actuar como un autómata sin sentimientos. Y, sinceramente, ¿cuántos pueden llegar a controlar su mente de tal manera y con tanta disciplina como un Nadal o un Gasol? Pues muy pocos, de ahí la proliferación de sistemas automáticos actualmente. Sin embargo, dichos sistemas vuelven a basarse en los indicadores clásicos ya mencionados y, por tanto, siguen causando socavones importantes en las cuentas de quienes hacen uso de ellos.

Y llegamos finalmente a las inversiones cuantitativas, las cuales se fundamentan solo en principios estadísticos donde entran en juego algoritmos programados para marcar las entradas y las salidas del mercado. Por tanto, la ventaja con respecto al trading clásico es que absolutamente nada se deja al albur de la subjetividad del individuo, no hay emociones, no se opera más por entusiasmo ni menos por miedo. La psicología y la emotividad se dejan en el baúl de los recuerdos, solo se trabaja con números y porcentajes. Un concepto nuevo que está revolucionando el trading de forma extraordinaria y que lo llevará a una nueva dimensión, aunque, eso sí, lo hará probablemente mucho más restrictivo. 

Por ello, cada vez con más fuerza emergen “start-ups” de reciente creación, como es el caso de Quantgemfx, que ofrecen a importantes brókeres del sector sus servicios y estrategias, basadas estas puramente en el análisis cuantitativo ya explicado. De este modo, los inversores corrientes como usted y como yo pueden disfrutar de unas ventajas que eran hasta hace poco un coto privado al servicio de patrimonios de más de seis dígitos. 

Los fundadores de Quantgemfx explican que sus resultados son auditados de forma independiente y se publican en myfxbook.com, de manera que para quien los siga habitualmente no puede resultar sorprendente contemplar retornos medios del 10% mensual el año pasado y del 8% mensual en el año en curso, cifras que aún siguen causando resquemor entre inversores menos informados o en los habituados a los fondos tradicionales que ofertan las entidades bancarias repletos de comisiones incomprensibles y de retornos ridículos. Ellos se lo pierden.

Escrito por Juan Ángel Garzón.

Pin It