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El siguiente artículo es dedicado al esfuerzo, de poner en practica la agroecología, mostrado por los integrantes del grupo de estudiantes de la catedra de Prácticas Agrícolas II del año 2018 a cargo de la parcela Los Papayos, es este mismo esfuerzo, inspirador para mi persona, lo que hace de la agroecología algo verdaderamente valioso de heredar a las nuevas generaciones. ¡Felicidades grupo!

Sábado 22 de septiembre, 2018

El cultivo de la parcela Los Papayos del campo experimental de la Universidad Luterana Salvadoreña en Santo Tomas Las Casitas, está basado en un cultivo limpio y sostenible con diferentes prácticas en el campo. Los requerimientos nutricionales, la protección contra insectos y enfermedades, la preparación de la tierra, etc., son prácticas marcadamente diferentes de los sistemas empleados por los agrónomos convencionales. Es bien sabido que las prácticas modernas de la agricultura se exceden en la utilización de componentes sintéticos, pues combaten insectos y la maleza con pesticidas y herbicidas tóxicos y se fertiliza con abonos artificiales, comprometiendo nuestro bienestar y el del medio ambiente. Esta agricultura moderna intensiva enfrenta dos graves cuestiones: En primer lugar, provoca una contaminación del suelo y las aguas debido al uso de agrotoxicos. Además, estos productos causan un deterioro de la estructura del suelo al disminuir su carga bacteriana. En segundo lugar, La agricultura moderna interfiere en la calidad de los alimentos mediante la presencia de tóxicos en la alimentación y la ausencia de importantes nutrientes por causa de una fertilización deficiente.

Soy del pensamiento que una comunidad sostenible utiliza sus recursos para satisfacer las necesidades actuales, al tiempo que garantiza que haya suficientes recursos disponibles para las generaciones futuras. Involucra a todos sus ciudadanos en un proceso integrado de planificación a largo plazo para proteger el medio ambiente, expandir las oportunidades económicas y satisfacer las necesidades sociales.

Uno de los mayores retos que enfrenta actualmente la humanidad es la convivencia armónica con la naturaleza. Es imposible concebir al ser humano independiente de los recursos que el medio ambiente le proporciona; su alimentación, y todos los insumos materiales que sostienen la producción de bienes y la misma vida, está soportada en los ecosistemas de la tierra, de ahí proviene la importancia de conservarlos.

Pienso que abusamos de la tierra porque la consideramos como una mercancía que nos pertenece. Pero cuando vemos la tierra como una comunidad a la que pertenecemos, podemos comenzar a usarla con amor y respeto.

A mi parecer lo que distingue a la agroecología, es que nosotros los practicantes de ella, nos auto regulamos, es decir, para nosotros están prohibidos todos los insumos sintéticos y es obligatoria la rotación de cultivos para fortalecer el suelo. Una agricultura orgánica debidamente gestionada reduce o elimina la contaminación del subsuelo, y permite conservar agua y suelo en los campos. Algunos países desarrollados (por ejemplo Alemania o Francia) obligan a los agricultores a aplicar técnicas orgánicas, o los subvencionan para que las utilicen (que magnífica idea), como solución a los problemas de contaminación del subsuelo.

La agroecologia todavía es apenas una pequeña rama de la actividad económica, pero está adquiriendo creciente importancia en el sector agrícola de muchos países, independientemente de su estadio de desarrollo. En Austria y en Suiza, la agroecología ha llegado a representar hasta un 10 por ciento del sistema alimentario, y en Estados Unidos, Francia, Japón y Singapur se están registrando tasas de crecimiento anual superiores al 20 por ciento.

La Producción agrícola libre de agrotoxicos es actualmente una actividad importante dentro del comercio mundial, debido a su constante crecimiento este sector puede llegar a constituir en mediano y largo plazo una fuente de ingresos para las familias de los pequeños y medianos productores, así como una fuente de empleo para el área rural.

La demanda de productos orgánicos ha creado también nuevas oportunidades de exportación para el mundo en desarrollo, ya que ningún país puede satisfacer la demanda de una variedad de alimentos orgánicos producidos dentro de sus fronteras durante todo el año. Esto es bueno, siempre y cuando no perdamos el enfoque de que tenemos que convivir armónicamente con la naturaleza.

Por generaciones y generaciones los alimentos fueron producidos por los agricultores en el marco de una equilibrada interacción con la naturaleza. La agricultura era una actividad a escala humana, orientada a satisfacer las necesidades de las personas y respetuosa del medio ambiente. Si bien modificaba la naturaleza, no la ponía en peligro. Aseguraba la conservación de los recursos naturales y tenía como centro la producción de alimentos suficientes y sanos.

Sin embargo, a mediados del siglo veinte la producción agrícola sufrió grandes transformaciones. Los alimentos dejaron de ser el producto de una relación equilibrada entre el agricultor y la naturaleza y se convirtieron en objeto de especulación, del cual lo único que realmente importaba era su valor de mercado. La razón de estos cambios no está, como muchas veces se sostiene, en la necesidad de producir más para alimentar a una población mundial en crecimiento. El hambre en el mundo no se debe a la insuficiente producción de alimentos, sino a una mala distribución de los mismos.

La alimentación no debería ser en ninguna sociedad una mera ingestión de nutrientes, sino un fenómeno más complejo cargado de simbolismo y significado. La comida tiene un papel central en nuestra vida no solo porque satisface una necesidad biológica, sino porque que también influye en nuestra trayectoria cultural, alrededor de la comida nos comunicamos, aprendemos, nos adaptamos al medio en el que nos encontramos y desarrollamos lazos emocionales con los que nos rodean. Así, la concepción que se tiene sobre la alimentación y el comportamiento relativo al conjunto de alimentos –cómo se come, qué se come, cómo se siente alguien en relación a la comida– nos puede dar muchas pistas para formar ideas de un individuo o de un grupo de personas, en tanto que nos puede ayudar a hacer una interpretación de la realidad sociocultural en la que vivimos. La parcela “Los Papayos” es posiblemente unos de los muchos espacios que nos muestran una visión concreta sobre el comportamiento alimentario de una parte de la sociedad, ya que a través de estos espacios se puede observar una actitud frente a los alimentos y su consumo. Esta actitud es un reflejo de una forma de concebir no solo la alimentación si no que, a su vez, nos muestra una forma de comprender el mundo.

Escrito por Otto Sanabria, estudiante de Ing. Agroecológica de la ULS.

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